Bananal, en el interior de São Paulo, fue en su día una de las ciudades más ricas de Brasil durante el ciclo del café. Uno de los vestigios de su época dorada es la Pharmacia Popular, la farmacia más antigua de Brasil que sigue en activo. Fundada hace casi 200 años, desempeñó un papel fundamental en la atención a la élite cafetera de la región.
Hoy en día, el local funciona como una farmacia moderna, pero conserva vestigios de su pasado imperial. ¡Descubre su historia a continuación!

El pasado imperial de la Pharmacia Popular
El establecimiento fue fundado en 1830 por el francés Tourin Domingos Mosnier. Originalmente llamada Pharmacia Imperial, era la principal botica de la región y satisfacía las necesidades de los grandes productores de café.
Su interior reflejaba el estatus de la monarquía: el suelo lucía baldosas francesas y los muebles estaban hechos de pino de Riga portugués, una de las maderas más raras y nobles del Viejo Mundo.
Con la Proclamación de la República, en 1889, los propietarios cambiaron el nombre a Pharmacia Popular para adaptarse al nuevo momento político del país. A pesar del cambio, el edificio siguió siendo uno de los principales puntos de referencia en Bananal.

¿Cómo está hoy la farmacia más antigua de Brasil?
Desde su fundación, la Pharmacia Popular ha pasado por cuatro familias. La última de ellas, la familia Graça, adquirió el negocio en 1918 con la condición de conservar sus características originales.
Plínio Graça, el último propietario de esta dinastía, convirtió el lugar en un punto turístico. Mantuvo el interior como un museo, conservando el mobiliario, los frascos y los instrumentos de la época del Imperio.
Tras el fallecimiento de Seu Plínio, en 2011, el establecimiento se enfrentó a una crisis y tuvo que cerrar temporalmente. Al no poder mantenerlo, el heredero recurrió a organismos de defensa del patrimonio histórico en busca de ayuda para su conservación. Como la petición no obtuvo respuesta, fue necesario vender el mobiliario histórico.
Bajo una nueva administración desde 2014, el local funciona actualmente como una farmacia contemporánea. Aunque el fondo del museo ya no está presente, la fachada con la antigua inscripción «PH» y el suelo de baldosas francesas siguen siendo originales. Así, la Pharmacia Popular resiste, aunque el interior se haya reinventado para sobrevivir.