Ya es oficial: el pago por proximidad ha comenzado en el Metro de São Paulo. Desde el lunes 1, los viajeros del Metro pueden entrar en las estaciones utilizando sólo una tarjeta física de crédito o débito con tecnología sin contacto.
La novedad, que está en fase de pruebas y se espera que dure seis meses, supone un importante paso adelante en el transporte de São Paulo. Al fin y al cabo, promete facilitar la vida de quienes viven en el ajetreo del día a día.

Cómo funciona el pago por proximidad en el Metro
La tecnología es sencilla: basta con acercar la tarjeta física (con la función sin contacto activada) al validador del torniquete exclusivo. El sistema acepta Mastercard, Visa y Elo. Por el momento, las tarjetas virtuales de teléfonos móviles, smartwatches y pulseras no funcionan, pero deberán evaluarse para futuras fases.
Normas importantes del piloto:
- Sólo tarjetas físicas con proximidad activada.
- 1 billete por tarjeta cada 30 minutos, tras un intervalo inicial de dos usos separados por 1 minuto.
- No hay integración con los autobuses; los que necesiten integrarse deberán seguir utilizando Bilhete Único o Top.
- Torniquetes exclusivos para pago por proximidad, ya señalizados en las estaciones.
- Sin contraseña, ni siquiera para los débitos: el proceso es instantáneo.
Además, promotores formados estarán presentes en las estaciones más concurridas para orientar a los pasajeros.

¿Qué estaciones ya aceptan el pago por proximidad?
El proyecto piloto se inició en las líneas 1-Azul y 3-Roja y, a lo largo de diciembre, se ampliará a las líneas 2-Verde y 15-Plata.
Cada estación dispondrá de al menos un torniquete exclusivo para el pago por proximidad, identificado con una señalización especial.
Por último, Metrô destaca tres grandes ventajas del nuevo proyecto:
- Mayor rapidez de embarque , ya que el pago se realiza en segundos.
- Mayor comodidad al prescindir de billetes, recargas y dinero en efectivo.
- Flujo más eficiente en las estaciones, reduciendo las colas en las horas punta.
La tecnología acerca São Paulo a los sistemas ya utilizados en Londres, Nueva York y otras grandes metrópolis. Para quienes viven entre citas, transbordos y retrasos, es un cambio que abre literalmente las puertas.