El Descenso de la Santa es una de las manifestaciones culturales más singulares de São Paulo. Desde hace casi 150 años, fieles y turistas rinden homenaje a Nuestra Señora del Livramento mediante una procesión fluvial por el río Ribeira de Iguape, uniendo la fe a la identidad ribereña.
La tradición se celebra anualmente en Iporanga, municipio del Valle del Ribeira situado a unos 330 kilómetros de la capital. Además de la celebración religiosa, la ciudad es famosa por albergar el Parque Estatal Turístico del Alto Ribeira (PETAR), uno de los principales destinos naturales de São Paulo.
Descenso de la Santa: 148 años de tradición
El blog Iporanga em Foco narra los detalles de los orígenes de la celebración. Según Alberto Corrêa, natural de Iporanga, la imagen de Nuestra Señora del Livramento llegó a la ciudad alrededor de 1878, con los primeros colonos de la región. Quedó al cuidado de María, una devota vecina que vivía a orillas del río Ribeira.
Tras producirse una serie de situaciones consideradas milagrosas en la región, la población comenzó a atribuirlas a la Santa. Con ello, devotos de todo el valle comenzaron a visitar a Dona Maria, quien decidió construir una pequeña capilla en honor a Nuestra Señora para acogerlos.
A partir de entonces, cada 31 de diciembre, María navegaba hacia la ciudad en peregrinación, llevando consigo la imagen en una canoa adornada. Con el paso de los años, cada vez más fieles se unieron a la procesión, decorando el río con sus propias embarcaciones.
La procesión se fortaleció aún más en 1890, con la llegada del portugués Carlos Diogo Nunes. Él creó la «Estrela do Mar», una barca especial de colores blanco y azul que se convirtió en un símbolo del paso de la patrona por Iporanga.
¿Qué tal participar en una procesión fluvial?
El Descenso de la Santa se celebra hasta hoy en día cada víspera de Año Nuevo, siempre al atardecer. La barca principal navega acompañada de botes, canoas, barcos de vapor e incluso practicantes de boia cross, mientras los fuegos artificiales anuncian su paso.
La fiesta desempeña un papel fundamental en la memoria colectiva de Iporanga. Además, transforma el río Ribeira en un patrimonio vivo, presente en la vida cotidiana y en la identidad ribereña, un tesoro medioambiental en una época en la que muchos cursos de agua sufren por el abandono y la contaminación.